‘Esprit de corps’

La realidad del mercado laboral académico en Europa es muy desigual, como muestra un reciente estudio del investigador Alexandre Afonso. Mientras Reino Unido o los Países Bajos poseen sistemas universitarios relativamente competitivos y abiertos al talento exterior, en España, Francia o Italia se recluta favoreciendo a los candidatos locales o insiders. Son mercados seguros por su naturaleza funcionarial, pero cerrados para quienes se hayan formado fuera del mismo (outsiders).

Weber atribuía ciertas virtudes a una burocracia cerrada como la española. Asociaba el aislamiento, los privilegios laborales y la autonomía de los burócratas al desarrollo de un esprit de corps basado en vínculos estrechos entre sus miembros y en la socialización en los principios de mérito e imparcialidad.

Si quienes velan por la calidad del sistema universitario español desde la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas compartieran algo parecido a ese esprit de corps, habrían reaccionado de manera fulminante ante la violación del principio de integridad académica por uno de sus miembros. Hubieran condenado cualquier acción que lastrara el prestigio y los valores de la comunidad académica que representan.

Sin embargo, el silencio de los rectores sobre el documentado plagio por el rector de la Universidad Rey Juan Carlos revela una fragmentada concepción del colectivo académico. Si los rectores no parecen interesados en defender la reputación del sistema universitario es seguramente porque no sienten que se deban principalmente a una comunidad global, la académica, que persigue el interés general mediante la acumulación de conocimiento. Su sentimiento de pertenencia primordial es la comunidad universitaria que sostiene su mandato.

Ello es consecuencia de un sistema de gobierno universitario excesivamente descentralizado. Lo ilustra bien la respuesta del ministro de Educación ante la interpelación acerca del plagio en comisión parlamentaria: “Esto escapa a lo mío”.

A la Universidad le sobra endogamia y le falta espíritu de cuerpo con el que proteger su prestigio y, de paso, rendir cuentas ante la sociedad que la financia.

 

http://elpais.com/elpais/2016/12/01/opinion/1480604734_175887.html
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